Nuestras personas mayores de Atardeceres VID tejieron la primer muda de ropa para los bebés pacientes de la Clínica Cardio VID

Cada puntada guarda una intención. Cada hilo, una historia. Así transcurre la vida del costurero Tejiendo con Sentido, una iniciativa del programa de Bienestar de Atardeceres VID, donde ocho mujeres se reúnen semana a semana para tejer mucho más que prendas: tejen vínculos, memoria y solidaridad.

 

Este 17 de diciembre, ese trabajo silencioso y constante cruzó las puertas de Atardeceres VID para llegar hasta la Clínica Cardio VID, donde los ajuares elaborados durante todo el año fueron entregados a los recién nacidos y a sus madres como un regalo de Navidad.

 

Durante una hora y media cada semana, el costurero se convierte en un espacio de encuentro acompañado y guiado por la pedagoga Gloria Clemencia Mesa.

 

Allí participan mujeres con distintos niveles de funcionalidad cognitiva: algunas conservan plenamente sus capacidades, otras presentan algún deterioro. Sin embargo, todas comparten la posibilidad de crear, de sentirse útiles y de aportar.

 

“Es un espacio de socialización, de estimulación cognitiva, porque al tejer hay estimulación a nivel de la atención, de la memoria de trabajo, de las funciones ejecutivas y de la motricidad fina, explica María Cecilia Botero Gómez, gerontóloga de Atardeceres VID y líder del programa de Bienestar.

 

El nombre del costurero no es casual. Tejiendo con Sentido resume el propósito que anima cada encuentro: beneficiar a las madres de los neonatos que son pacientes de la Clínica Cardio VID, muchas de ellas en condiciones de vulnerabilidad.

 

“Se llama así porque su propósito es beneficiar a las mamás de los neonatos. Muchas de estas mamás son de escasos recursos y este ajuar es su primera muda de ropa, señala Botero.

 

Cada ajuar es una obra colectiva cargada de cuidado y paciencia. Incluye un gorrito, dos cobijitas, camisetas bordadas y un saquito tejido, elaborados completamente por las usuarias de Atardeceres.

 

Son prendas pequeñas que, al llegar a los brazos de una madre, adquieren un valor inmenso.

 

“Ha sido muy beneficioso para la salud mental de las usuarias y para la comunidad que recibe los ajuares, al apoyar a estos niños y a estas madres”, afirma la gerontóloga.

 

Cada diciembre, como una tradición que honra la constancia, las costureras visitan la Clínica para entregar los ajuares. En ese gesto se rompe un prejuicio persistente.

 

“Hay inclusión. Hay una neurodiversidad con una funcionalidad cognitiva óptima. Se piensa que las personas con deterioro cognitivo pierden funcionalidad y ya no pueden hacer. Y resulta que, a través del trabajo y la estimulación, se pueden mantener algunas funciones cognitivas, concluye Botero.


Este martes, entre sonrisas, abrazos y telas suaves, quedó claro que en Atardeceres VID el tejido no solo abriga cuerpos pequeños: también sostiene la dignidad, la memoria y el sentido profundo de cuidar a otros.