“Atardeceres VID es el lugar donde encontramos tranquilidad para Amparo y para toda la familia”

Nuestra tía Amparo Monsalve, quien además es hermana y cuñada, ingresó hace algunos meses al programa Días de Vida. La decisión surgió inicialmente por sugerencia de mi mamá, quien había conocido el programa a través de un canal de televisión y en algún momento se acercó a averiguar sobre él. En ese momento, como familia aún estábamos muy limitados y además creíamos que Amparo estaba en capacidad de decidir por sí misma si quería o no estar allí.

Amparo y su sobrina

Uno de nuestros mayores temores era que ella sintiera que la dejábamos sola o que experimentara una sensación de abandono. De hecho, en una primera visita la llevamos al lugar y manifestó que no quería quedarse. Con el tiempo comprendimos que la decisión no dependía únicamente de ella, sino que, como familia responsable de su cuidado, debíamos tomar decisiones en pro de su bienestar, incluso cuando fueran emocionalmente difíciles.

 

Después de algunos meses, decidimos volver y probar con el programa Días de Vida. Amparo vivía sola en su casa en Belencito, y queríamos evaluar cómo podía mejorar su calidad de vida en un espacio como este, donde no estuviera sola y contara con acompañamiento constante.

 

Hoy, después de varios meses, nos sentimos muy tranquilos. Este programa no solo ha impactado positivamente el bienestar de Amparo, sino también la tranquilidad de toda la familia. Por nuestras ocupaciones, nos era muy difícil enfocar completamente nuestra atención en ella, especialmente al no vivir cerca ni haber compartido el día a día con ella. Sabíamos que necesitábamos encontrar un lugar que se convirtiera en una mano de apoyo para nosotras, un espacio donde Amparo pudiera sentirse bien, entendida, acompañada y cuidada.

 

En Días de Vida encontramos ese lugar. Allí ella puede permanecer durante el día, interactuar con personas de su edad, compartir con otros que viven situaciones de salud similares, participar en actividades que le gustan como el rosario, la eucaristía, la gimnasia y diferentes eventos. Para nosotros, como familia, es una gran tranquilidad saber que está en un entorno donde la cuidan, la alimentan bien, la acompañan y la hacen sentir útil, parte de algo y orientada a través de actividades estructuradas.

 

Amparo es una persona poco expresiva, por lo que la información que recibimos directamente de ella es limitada y, además, por su condición, suele olvidar rápidamente. Sin embargo, en sus palabras hemos escuchado comentarios como: “aquí todo es organizado”, “son muy buena gente”, “la comida es rica”, “todo es bonito y cuidado”, “esto debe ser costoso”, “rezamos, caminamos y a veces bailamos”. Para nosotros, el que ella pueda expresar estas ideas es una señal clara de que se siente a gusto en el lugar.

 

Aunque somos conscientes de que su enfermedad avanza, creemos firmemente que su bienestar emocional y su calidad de vida han mejorado. El hecho de sentirse parte de algo, rodeada, acompañada y no sola tiene un impacto profundo en su manera de pensar y de vivir el día a día. También sentimos que ahora se expresa más, y que esto ha hecho más evidente su enfermedad, cuando antes, al hablar tan poco, era difícil para nosotros identificar su avance, pero lo importante aquí es saber que ahora se expresa más gracias a esa relacionamiento con otros, que hace sentir que tiene más confianza en hablar y en expresar lo que siente.

 

Como familia, hemos encontrado un gran apoyo en los profesionales del programa. Hemos recibido acompañamiento, apertura para ajustarse a situaciones particulares, sugerencias oportunas y una disposición constante para ayudar. Valoramos especialmente la organización y el cuidado en el servicio de transporte, donde siempre hemos encontrado amabilidad, sincronía y buen trato.

 

Cada vez que yo, como sobrina, o mis padres y tías hemos visitado el lugar para ver cómo está Amparo o acompañarla, nos llevamos una percepción muy positiva del espacio, la atención y el trato humano que reciben tanto ella como la familia.

 

Comenzamos con dos días a la semana, luego tres, y hoy hemos logrado que asista cuatro y hasta cinco días. Nuestra intención, en la medida en que el presupuesto nos lo permita, es que pueda asistir los cinco días, porque vemos claramente los beneficios tanto para ella como para nosotros.

 

Agradecemos siempre por el impacto que pueden tener en personas como Amparo y en familias como la nuestra que sienten la fortuna de saber que hay lugares así y programas como este, que nos facilitan la vida, infunden también tranquilidad y alegría en las personas que asisten y ofrecen un acompañamiento sano y de calidad a los participantes de Días de vida.

 

Natalia Acevedo 

Sobrina de Amparo Monsalve